2 de mayo de 2011

Lunes 2

Hoy tuve un dia espantoso. En realidad empezó bien, como en general empieza un día, despertándome de a poco, aún tratando de recordar lo que soñé, preguntándome qué hora es, acurrucándome un poco más entre las frazadas y deseando con todas mis fuerzas que los cinco/diez/veinte/treinta minutos que me quedan para levantarme, se vuelvan mágicamente eternos. Cuando caigo en la cuenta de que es cada vez más tarde y que esto es inversamente proporcional a lo rápido que tenga que hacer mi rutina previa a salir de casa, me levanto todavía con el piyama cálido y empiezo a vestirme, lavarme los dientes, preparar el desayuno, guardar todo lo necesario en la mochila, y por fin salir.
A pesar de lo tarde que es, siempre me ilusiono con que voy a llegar a tiempo con la esperanza de cruzarme a Flash en la vereda, pero como eso (casi) nunca pasa. Me dirijo hasta la parada del colectivo o a caminar las treintipico de cuadras que me separan de la facultad.
Todo va bien, ascensor o escalera, saludo al encargado, prendo el mp3 y selecciono la música que se encarga de transportarme, además del colectivo, claro.
Los negocios que abren, la gente que pasea a sus mascotas, los que se apuran, los autos que también empiezan el dia, los colectivos, los semáforos.
Después de esa travesía, llegar a la facultad, subir las escaleras y abrir las orejas.
Lamentablemente todo va bien, a pesar de haber llegado tarde, a pesar del frío, una sola palabra me arruina el dia y calculo yo, la semana entera.
Una de las peores cosas que afronta un ser humano como individuo que estudia y dedica la mayor parte de su tiempo a esta actividad, es desaprobar un exámen. Digo una de las peores por no decir la peor, porque creo que lo peor que puede suceder es dejar de estudiar lo que a uno le gusta, le apasiona, lo que lo convierte en alguien completo.
Ahora no me queda otra que seguir adelante, hacer mi mayor esfuerzo y aprobar. Pero todo lo que se mueve a partir de esto (sentirse fracasado, el tiempo que queda hasta el recuperatorio, que se te junte con otros parciales, las dudas, los nervios) son tema aparte.
Reconozco que me duró el malhumor galopante hasta hace un rato, cuando empecé a escribir, que es hasta ahora la mejor terapia que pude encontrar, más allá de no hacerlo tan seguido.
Ahora se me siguen juntando los textos y pilones de hojas sin leer, que esperan ser marcadas y resumidas por quien escribe.
Aunque haya sido un día trágico en este sentido, puedo decir que soy felíz de ser estudiante, de tener esta posibilidad, de adquirir conocimientos, de reconocer que para el parcial (casi) no me preparé y que hay otra oportunidad. Además fue un dia hermoso porque extrañaba el frio y los discos nuevos en el reproductor.
Se viene una semana durisima asi que más vale que compre más yerba, galletitas y resaltadores, objetos esenciales en la vida del estudiante.

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