3 de mayo de 2007

Rainy Days





Llueve y llueve. Lo disfruto. Desde el vidrio mojado hasta el sonido estrepitoso chocando contra las diversas superficies.
La neblina cubriéndolo todo, dejando apenas vestigios de una ciudad cubierta de agua; agua que limpia, que cambia y rrenueva, agua que impide salir a pasear, agua formando charcos y dejando en evidencia todas las baldozas móviles.
- El cielo llora - pensaba ella con sus seis años. - El cielo llora o alguien que está allá arriba muy muy lejos, llora porque está triste; y los rayos aparecen cuando se enoja mucho o cuando estornuda de tanto llorar y llorar -
Quizás cuando crezca se olvide de eso y la lluvia se convierta en algo que la deprima y le impida salir sin rumbo fijo, tan sólo admirando el paisaje natural inserto en la urbe social y el smog.
Apoya sus dedos en la ventana; el vidrio helado al tacto que sigue acumulando gotas (o lágrimas de la naturaleza) gotas que se escurren lentamente siguiendo un sendero indefinido, como las hormigas en las plazas y parques, que se apuran a llegar y volver a salir, llevando pedacitos de elementos sobre sus cuerpos. Las hormigas saben cuándo va a llover y no tienen servicios meteorólogicos ni televisión, al igual que los animales, que entienden a la mater natura tal cual es, y no tienen maldad; no. Quizás sea eso justamente lo que nos haga humanos, y en nuestra naturaleza esté inserto el bichito del mal, del odio y la envidia; siempre queriendo más.
Sin respetarla a ella, a la madre naturaleza, que cuando no aguanta más, llora y llora, porque la lastiman, porque le duele y porque la lluvia es tan necesaria como el sol y respirar, pero respirar de manera especial, no de manera sistemática como hacemos en general, sino darle un respiro a nuestras almas aceleradas hasta que morimos, y dejamos de pensar y sentir, y justo en ese instante, nos damos cuenta cómo desperdiciamos la vida, sin permitirnos disfrutar una tarde de lluvia, una mañana de sol e incluso una noche de estrellas o de luna llena.
Es triste darnos cuenta de eso, creo yo, porque cuando sentís ese nosequé en el pecho que te pone triste, te angustia y te pide salir, es cuando estallamos en un mar de lágrimas; como una lluvia corporal.
Y es volver a respirar con tantas ganas y sentirse volar (en paz)




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