17 de septiembre de 2006

Ser Especial

Desde que tengo noción de las cosas que me rodean y las personas que se ven involucradas en mi vida, tengo una inmensa admiración por ella.
Se levanta a la hora que sea necesaria para tener su casa de punta en blanco, los mandados listos y la comida, sus plantas siempre hermosas, el desayuno ajeno.
Ella, con su simpleza, su sencillez.
Ella, mujer coqueta y elegante.

Ella, con su sonrisa feliz y su risa contagiosa, que siempre logra quitarme el mal humor y pretende alimentarme siempre.
Una mujer admirable, que nunca bajó los brazos, aún en las situaciones más difíciles y nunca perdió su lado positivo de ver las cosas.
Ella, es quien siempre está dispuesta a conversar conmigo, mate, café con leche, tesito de por medio, y siempre algo rico
para degustar, son los incentivos para que me relate anécdotas, datos sobre mí que nunca va a olvidar, como la hora en que nací, ese día y los demás, mis caprichos de hija y nieta, tantos fines de semana en su casa, los paseos por el centro que siempre terminaban en alguna heladería (hoy en día también) , los regalos de navidad, los cumpleaños, los té bingo, todo eso y todo lo que siempre voy a recordar aunque pase el tiempo, siempre que vuelva a este tiempo actual, a mi niñez, voy a tener un recuerdo cálido de ella,




la mejor abuela del mundo.

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