25 de octubre de 2006

19/07/06

Cuerpos geométricos que se desplazan,
tiempo infinito, contrareloj,
entre luces que reflejan sombras oscuras
y deformadas,
donde toda su perfección se desvanece,
y son sólo movimientos continuos
de seres, que respiran este mismo aire
que me intoxiva, mientras percibo
los diversos olores de la mañana,
esa tempratura corporal
que se transmite y se estanca
en el aire, como soplidos de mar
en pleno invierno,
dentro de una esfera de cristal humedecido,
como los labios que acentúan su textura
al estrecharse,
sabores indefinidos, que existen aunque
no haya palabras,
y nos hagan sentir miserables,
la nada dentro del todo,
parte inexistente de algo que fluye
y se transforma
con el paso acelerado del tiempo,
ese que a veces nos marea y nos deja abatidos,
respirando profundo,
espléndido estertor,
con el pecho a punto de estallar,
como nuestro cerebro que parece dilatarse
cuando sacamos esa furia
de adentro nuestro -
como el brillo natural que existe
y me ilumina,
pero que no me permite seguir,
y una vez más
en busca de esa fuerza
que me permita seguir de pie.

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