23 de marzo de 2005

Miércoles

Día miércoles de Escuela. Son cerca de las siete. Todavía es temprano para mi, y mis ojos arden de cansancio. Tendría que haberme ido a dormir antes de lo usual. Igual no sirve lamentarse. De repente, miro el reloj y veo que me quedan pocos minutos y me apuro a salir de mi casa. Llego con la mirada perdida, pensando en tantas cosas, que se van mezclando, y se tornan confusas. Otra vez, a fingir, a pretender estar bien, es horrible estar asi. Mi disfraz no logra resguardarme de todo y de todos. Sobre el banco, la carpeta y un cuadernito de apuntes, una cartuchera desparramada, y unas hojas esperando que mi puño escriba algunas palabras. No tengo ganas de hablar, ni que me hablen, solo contesto respuestas automáticas que, en realidad, no significan nada. por qué todos se rien? por qué yo no le encuentro lo gracioso? parecen idiotas sin sentido. Comienzo a cansarme de todo esto. y Aunque esté rodeada de gente, y personas,a veces me siento sola. Pero de a poco me voy dando cuenta que hay que disfrutar de la soledad, porque ahi es cuando puedo dialogar con mi alma. Sólo eso.

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